Adidas x Someone Somewhere: cuando el storytelling choca con la realidad

06/2026
(©)
Scroll Down
Adidas x Someone Somewhere: cuando el storytelling choca con la realidad

Pocas cosas venden mejor hoy que una historia de impacto bien contada; y la colaboración entre Adidas y Someone Somewhere para el jersey de la Selección Mexicana rumbo al Mundial 2026 tenía todos los ingredientes: artesanía indígena, identidad cultural, edición limitada y propósito social cosido literalmente en la etiqueta, cada pieza lleva el nombre de la bordadora poblana que la hizo a mano. Desde el punto de vista creativo, era una ejecución casi impecable.

Lo que nadie anticipaba es que esa misma etiqueta se convertiría en el centro de uno de los debates más incómodos que ha generado la moda en México en los últimos días.

La marca mexicana que convirtió la artesanía en su identidad

Someone Somewhere fue fundada en 2011 por egresados del Tecnológico de Monterrey que, tras hacer voluntariado en la Sierra Norte de Puebla, decidieron construir una marca alrededor de algo que la industria apenas empezaba a valorar: el trabajo artesanal como activo comercial con propósito. La idea era conectar directamente comunidades artesanas de distintas regiones del país con el mercado contemporáneo, incorporando técnicas tradicionales en productos de diseño moderno.

A lo largo de los años, la empresa se posicionó como un referente de comercio justo en México y obtuvo la certificación B Corp, un estándar internacional que acredita prácticas verificadas de impacto social y ambiental. En un momento donde las marcas compiten tanto por narrativa como por producto, ese perfil la convirtió en una intermediaria ideal para proyectos de esta escala.

Adidas y la evolución de las colaboraciones culturales

Por otro lado, Adidas lleva años explorando colaboraciones que trascienden el deporte. La marca alemana entendió que las alianzas estratégicas son una forma de mantenerse relevante dentro del lifestyle y el streetwear global, y ha sabido elegir a sus socios con esa lógica. 

La "Artisan JSY Collection" encaja perfectamente en esa evolución. La colección se lanzó como edición especial con apenas 2,026 piezas, (número que hace referencia al año del Mundial) disponibles únicamente en tiendas seleccionadas de Adidas en México. Adidas la presentó en redes con el copy: "Tradición en cada puntada. Orgullo en cada hilo. Somos México." Precio de venta: entre 1,500 y 4,000 pesos por pieza. 

Cuando la artesanía entra al mercado global

Uno de los argumentos más sólidos a favor de colaboraciones como esta es la visibilidad internacional que pueden generar para el trabajo artesanal mexicano. Y el argumento tiene peso: la comunidad artesanal aporta el 17.8% del PIB del sector cultural del país, pero su presencia en mercados globales sigue siendo marginal. 

En ese contexto, alianzas con marcas del tamaño de Adidas representan una oportunidad real de cambiar eso. La propuesta visual de esta colección lo refleja: bordados hechos a mano, el escudo nacional y flores tricolores integrados en prendas deportivas, con el nombre de cada artesana como parte del diseño. Un equilibrio entre tradición e identidad contemporánea que, sobre el papel, es exactamente el tipo de colaboración que el sector artesanal necesita. 

El debate detrás de las colaboraciones culturales

Sin embargo, este tipo de proyectos también generan preguntas que no siempre tienen respuestas cómodas y este caso no fue la excepción. 

La polémica estalló cuando la promotora cultural Luz Valdez difundió en TikTok testimonios de bordadoras de Naupan, Puebla, que según la especialista textil Tatiana Bernaldez apuntaban a un pago de 36 pesos la hora, con la obligación de bordar dos jerseys en una jornada de cinco horas. Las artesanas contratadas firmaron acuerdos de confidencialidad que les impiden pronunciarse públicamente. 

Someone Somewhere respondió argumentando que los ingresos de la comunidad crecieron más del 400% gracias a sus colaboraciones y que pagan hasta tres veces más que el mercado tradicional. Al final Adidas no emitió una postura oficial. 

El debate, sin embargo, toca algo más estructural: el 95.1% de los artesanos textiles en México trabaja en la informalidad, en ese contexto, la pregunta no es sólo cuánto se les pagó, sino qué responsabilidad tiene cada parte de la cadena, marca global, intermediario, consumidor, en cambiar esa realidad. Para cualquier marca que quiera usar artesanía como activo de comunicación, la credibilidad del proyecto no depende solo de la estética sino de la transparencia en cada eslabón del proceso. 

El nombre en la etiqueta no es suficiente 

Lo que este caso evidencia, más allá de sus particularidades, es un cambio real en cómo las audiencias se relacionan con las marcas. Ya no basta con tener una buena historia: hay que poder sostenerla. Las audiencias de hoy no solo consumen el storytelling, lo auditan; y en un ecosistema donde cualquier persona con un TikTok puede hacer fact-checking en tiempo real, la coherencia entre discurso y práctica dejó de ser opcional.

La artesanía mexicana tiene un lugar legítimo en el mapa global de la moda, pero para que eso se traduzca en algo genuino, la narrativa tiene que ser verdadera hasta el último eslabón de la cadena, incluyendo el de la artesana que no puede hablar porque firmó un contrato de confidencialidad.

El jersey tiene su nombre cosido en la etiqueta. Ojalá eso fuera suficiente.


Geraldine Cárdenas M.
@geraldcm18